Sunday, October 5, 2014

Artigas y la Revolucion Platense: TODO, en un libro.


http://www.ffose.org.uy/fr/documentos/2014/revista%20artigas.pdf

Ideas y documentos artiguistas: Oracion Inaugural e Instrucciones


http://www.fder.edu.uy/contenido/ideas/materiales-2013/guia-7.pdf

Reglamento de Tierras 1815


http://www.artigas.org.uy/archivos/pdf/biblioteca_escolar/Reglamento%20de%20Tierras.pdf

Artigas: sus ideas

http://ipes.anep.edu.uy/documentos/articulos_2004/Documentos_art/pdf/borges.pdf

Ideal artiguista a través de los documentos

Ideal artiguista a través de los documentos.

Prólogo

En este trabajo busco relacionar los objetivos políticos del artiguismo con los objetivos sociales de la revolución, en el marco del Reglamento provisorio de tierras del año 1815.
Primero quise identificar los objetivos políticos a través de los documentos surgidos en 1813, en donde se ven claramente las ideas políticas de José G. Artigas.
Por otra parte, a través de un breve análisis del Reglamento provisorio de tierras de 1815 intenté mostrar los objetivos sociales y como se pueden relacionar con los políticos.
En esa búsqueda de las ideas y objetivos del ideario artiguista pude ver más claramente otras cosas, como son las influencias de dichas ideas, las diferencias que mostraba con las mentalidades reinantes en la época.
Como Artigas supo tomar desde distintas fuentes, elementos que luego transformó y adaptó a la realidad de la Banda Oriental. Para algunos autores ese es el carácter innovador de Artigas, ya que utiliza mucho de lo ya existente, tanto del sistema colonial español, como de las revoluciones liberales francesa y norteamericana. 
  


Ideas políticas del artiguismo. El año XIII

Para hablar de las ideas políticas del artiguismo voy a tomar dos de las fuentes tal vez más estudiadas y analizadas en cuanto a este tema, pero no por eso menos interesante. Estos textos son los correspondientes al llamado “Congreso de tres cruces” o “de la paraguaya”, tanto el discurso inaugural realizado por José Artigas, como el reconocimiento de la AsambleaGeneral y las instrucciones surgidas de dicho congreso. En éstos no solo se aprecia las ideas políticas, también están las relacionadas a lo económico, pero me centrare en las primeras.
No es mi voluntad analizar por completo estos documentos en esta ocasión, sino extraer de ellos las ideas expresadas por el autor.
En los textos antes nombrados, a través de éstas ideas, se pueden ver las influencias en el ideario artiguista, como son los textos norteamericanos correspondientes a la revolución e independencia de las trece colonias, sobre todo los producidos por la pluma de Thomas Paine.
Otra de las influencias que tiene el pensamiento artuguista son las ideas de los ilustrados como Locke y Montesquieu en cuanto a la división de poderes, por ejemplo, y de Rousseau sobre la soberanía, el contrato social y la república. Así como de la Revolución francesa donde se aplicaron algunas de las ideas ilustradas.
Por último, dentro de las influencias, también encontramos documentos españoles, de los cuales va a tomar algunas de las formas, de las instituciones, para adaptarlas a su sistema. Un ejemplo muy claro es el de Félix de Azara, de quien profundizaré más adelante.

La “oración inaugural” fue el discurso con el que Artigas abrió el congreso el 5 de abril de 1813. La redacción del mismo se le ha atribuido a Miguel Barreiro, “por sus virtudes de claridad y coherencia y por un cierto tono lírico”[1] según dice Lincoln R. Maiztegui. De todas maneras se ven claramente las ideas políticas de Artigas allí aplicadas.
Ya en el comienzo, la primera palabra que utiliza y con la que se dirige a los presentes es “ciudadanos”, haciendo referencia a que son hombres de derecho, soberanos, lo que confirma y reafirma con una frase muy conocida y reiterada, “Mi autoridad emana de vosotros, y ella cesa por vuestra presencia soberana”[2].
Otro de los conceptos vertidos por Artigas es el de “los pueblos”, haciendo alusión a su idea de soberanía, no habla de “pueblo” en forma genérica como solía emplearse en la época y sobre todo de parte de los porteños centralistas, que planteaban que al no estar el poder central de Fernando VII la soberanía recaía en ellos. Por el contrario, como lo analizan Vázquez Romero y Reyes Abadie en su “Crónica General del Uruguay”, más claramente a través del acta del congreso y del reconocimiento de la Asamblea General, dicen que Artigas ve la soberanía en tres etapas, la primera cuando habla de “pueblos” refiriéndose a  las ciudades, villas y pueblos, la segunda en cuanto a las “Provincia compuestas por pueblos libres” y la tercera a la Confederación a través de un pacto defensivo – ofensivo.
Unido a la soberanía de los pueblos, Artigas dice que a pesar del tiempo transcurrido de la revolución “aun hace falta una salvaguardia general al derecho popular” y habla de la falta de un “contrato”, que luego define en la necesidad de una constitución que asegure la libertad de los pueblos, tomando la idea liberal de que la ley frena las ambiciones individuales.
Aunque aclara que esto no significa una “separación nacional”, lo que demuestra su idea de federalismo.

Ahora pasaré al documento más importante del artiguismo en cuanto a ideas políticas, “Las instrucciones del año XIII”. Volviendo un poco a las influencias, este documento tiene clara influencia de los textos norteamericanos, los cuales eran manejados por Artigas y su círculo. Incluso Eugenio Petit Muñoz y Ariosto González, han demostrado en sus trabajos, de forma independiente, que se han tomado párrafos directamente de algunas obras.
Las instrucciones son 20, las cuales voy a dividir en: de carácter económico y de carácter político, aunque existen otras formas de subdividirlas o agruparlas para analizarlas. En este caso solo tomaré las de carácter político.
Como dice Lincoln R. Maiztegui, todas las instrucciones se basan en 3 ideas fundamentales:
1)     Independencia, entendida como la separación de todas las provincias del antiguo virreinato del Río de la Plata de todo poder colonial español.
2)     República, en oposición a la postura monárquica de algunos revolucionarios.
3)     Federalismo, comenzando con una confederación con pactos defensivos – ofensivos entre las provincias, para luego con la constitución derivar en un Estado Federal.

En el artículo 1 plantea la declaración de la independencia de España y de la familia de los Borbones, siendo uno de los primeros en hacerlo.
Es en el artículo 8 donde le da nombre por primera vez a este territorio, lo llama “LA PROVINCIA ORIENTAL”.

El artículo 20 es el que menciona que la forma de gobierno que tendrán las Provincias Unidas será la republicana y en los artículos 5 y 6 habla de la separación de poderes en 3, tomando la idea de Montesquieu (poder legislativo, ejecutivo y judicial), y que no pueden unirse entre si, para mantener el equilibrio debido.
En el artículo 18 habla de que el “despotismo militar” debe ser “aniquilado”, a través de la constitución para asegurar la libertad de los pueblos.

Ya en el artículo 2 dice que el sistema con el que deben organizarse las provincias debe ser la Confederación, para formar “nuestro Estado”.
En el artículo 10 habla sobre los pactos defensivos – ofensivos entre las provincias y en el 11 dice que la provincia “retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho”, exceptuando los que hayan sido cedidos por la Confederación a las Provincias Unidas.
Por último quería señalar el artículo 19, donde expresamente dice que el Gobierno de las Provincias Unidas no debe ubicarse en Buenos Aires, aunque no especifica dónde debería.
Allí podemos ver claramente los objetivos políticos del artiguismo en ese momento histórico. En primer lugar la independencia de España y luego lograr la Confederación (con el objetivo de llegar al Estado Federal), organizada en una república con las instituciones que le den seguridad y estabilidad.
Artigas quería unir a los pueblos del plata, no solamente a la Banda Oriental, por más que les pese a muchos de los que sostienen que con Artigas surge la Nación, sobre todo de parte de la historiografía de prócer. Como decía Carlos Real de Arzúa, “Las numerosas y explícitas manifestaciones con que Artigas expidió su pertinaz voluntad de no romper los vínculos que ligaban a la Banda Oriental con las restantes regiones de la zona platense han representado siempre un denso punto de perplejidad para la apologética independentista usual”.[3]

  
Ideas sociales del artiguismo. 1815: El reglamento de tierras.

El año 1815 es clave para el artiguismo ya que logran el control total del territorio, luego de la victoria en la batalla de Guayabos (10 de enero de 1815), por la que los porteños se ven obligados a retirarse del territorio oriental. El  26 de marzo Otorgues ingresa a Montevideo y hace flamear la bandera artiguista.
Durante casi todo el años 1815 y parte de 1816 (hasta la invasión portuguesa) el territorio estuvo dirigido por Artigas desde su base en Purificaciones.
En esa época, las provincias integrantes de la Liga Federal, estaban formando una alianza defensiva-ofensiva con Artigas como “el protector”.

El “Reglamento provisorio para el fomento de la campaña de la Banda
Oriental y seguridad de sus hacendados”, es uno de los documentos más importantes del pensamiento artiguista. Fue aprobado por Artigas el 10 de setiembre de 1815 y consta de 29 artículos.
El problema de la tierra no es nuevo en la campaña de la Banda Oriental, se arrastra desde la época colonial y llega hasta los tiempos de Artigas. “El arreglo de los campos” fue un problema para los españoles, que intentaron a través de decretos y reglamentos solucionarlos, pero sin mayor suerte. Los problemas de la campaña son cuenta pendiente que Artigas toma y modifica en la revolución.
Los antecedentes al reglamento de tierras artiguista son varios y diferentes. El primer antecedente real que se tiene data del 15 de julio de 1786 y es obra de Antonio Pereira (ex teniente de milicias y comandante de la campaña de Montevideo). Este pretendia poblar la frontera para protegerla de los portugueses y en el interior limitar las extensiones de la tierra.
Podemos hablar aquí de muchos de los antecedentes, pero por mencionar algún otro, el que más me interesa es la misión de Félix de Azara en la Banda Oriental, ya que Artigas fue uno de los designados por Elío (Gobernador de Montevideo en ese momento), para acompañarlo por ser gran conocedor de los campos. Azara tuvo influencia sobre el pensamiento de Artigas, pero además este aprendió mucho acompañándolo, sobre todo en la fundación de Batoví, donde tuvo gran participación escogiendo a las familias, midiendo las tierras y repartiéndolas.
Los enormes latifundios en manos de algunos personajes montevideanos, los pequeños productores rurales que trabajaban en campos que no les pertenecían como ocupantes y la falta de marca de los ganados eran problemas que se arrastraban desde los tiempos colonias y que habían intentado solucionar con misiones como las de Azara. A estos problemas había que agregarles lo de la inseguridad que existía en la campaña, por los gauchos que la recorrían sin ocupación fija y, desde que comenzó la revolución, también los desertores que la atravesaban y gente armada que campeaba sus territorios.
Con el Reglamento de tierras buscan resolver estos problemas existentes y aunque ya se estaban repartiendo tierras, con este reglamento van a definir los criterios del reparto y a hacerlo de forma ordenada.

Según Lincoln  R. Maiztegui el Reglamento artuguista puede dividirse en dos partes para estudiarlo, que se ven claramente en su denominación: por un lado el fomento de la campaña y por otro la seguridad de los hacendados. Sobre todo porque esta última responde a los intereses de los hacendados que residían en Montevideo.
El texto comienza con una división administrativa de la provincia y con la burocracia jerárquica que se encargará de ella. El territorio se divide en cuatro jurisdicciones: entre el río Uruguay y el Río Negro, otro entre el Río Negro y el Yí, la tercera entre el Santa Lucía y el mar y por último el comprendido entre Yí y el Santa Lucía.
En cada una de estas jurisdicciones se encontraría un Juez Pedáneo, quienes dependían de los Subtenientes de Provincia, que se encargaban de tres de las cuatro jurisdicciones y a su vez dependían del Alcalde Provincial que se encargaba de la jurisdicción ubicada entre el río Yí y el río Santa Lucía y estaba bajo la dependencia del Cabildo Gobernador. Éste último debía informar a José Artigas, que, como ya dije, dirigía la Provincia desde Purificaciones.
En cuanto a la distribución de la tierra, la base de tierras para ser distribuidas van a ser tomadas de las realengas (es decir de la propiedad pública), también de aquellos hacendados que emigraron y de los “malos europeos y peores americanos”, aunque en este caso existe una excepción, si son casados se les reserva un territorio suficiente para mantener a su familia.
Otras de las tierras que se tomaban eran las vendidas o donadas por Montevideo entre 1810 y 1815, pero acá también existe una excepción, si quienes recibieron dichas tierras eran orientales se les daba una suerte de estancia. A quienes se les expropiaban las tierras no se les daba ningún tipo de indemnización.
La suerte de estancia es la unidad económica que se le entregaba a cada familia y consistía de una legua y media de frente por dos leguas de fondo, lo que serían unas 7500 hectáreas. Estas medidas podían variar de manera que hubiese linderos fijos entre las suertes de estancia para evitar problemas y aguadas para todos.
El ganado que se encontrara en los territorios a distribuir también serían tomados para el mismo fin, aunque en este caso no es una cantidad fija de animales por familia, en realidad va a estar determinada por el total de ganado que tuviesen para repartir. Además se les entregaban herramientas de labranza, así como la marca para sus ganados.
Tanto la tierra como el ganado debían ser entregados sin costo alguno a los aspirantes, pero también está definido el orden de quienes se prefiere como aspirantes, teniendo en cuenta que “los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia, los negros libres, los zambos de igual clase, los indios y los criollos pobre, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia si con trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de la provincia”.
Luego se establece que tendrán preferencia las viudas pobres con hijos, los casados a los solteros y los americanos a cualquier extranjero.
 Los bienes recibidos no podían vender ni enajenar, al menos hasta que se diera el arreglo formal de la provincia. Además los agraciados con los territorios tenían el deber de construir un rancho y dos corrales en un tiempo de dos meses, con un mes más de tolerancia. En caso de negligencia se le quitaba la tierra y era entregada a alguien más laborioso.
Estas medidas buscaban lograr el establecimiento de las familias para solucionar un de los problemas mas graves, el ausentismo. Permitía, al mismo tiempo, una mayor organización del territorio y un mejor registro y control.

La seguridad de los hacendados se daba con la creación de una policía de campaña, que en cada jurisdicción contaría con un mínimo de ocho soldados y un sargento que dependerían del alcalde provincial, y de cuatro soldados y un cabo a las órdenes de cada teniente de provincia.

El objetivo de este reglamento es crear una sociedad de pequeños productores y superar de esta manera los problemas que existían en la campaña, uno era el ausentismo, que explique antes; otro de los problemas eran las grandes extensiones de tierras en manos de unos pocos propietarios, lo cual terminaría con expropiación de tierras y la posterior distribución, y con ella también se superaba el problema de aquellos que trabajaban tierras que no les pertenecían e incluso dándole la posibilidad de ser propietarios a personas que ni lo imaginaban.
Muchas de estas medidas que toma Artigas son reivindicaciones de la revolución, eso lo podemos ver en la forma de reparto de las tierras, a quienes van dirigidas y el sencillo trámite con el cual les eran entregadas.
A su vez se terminaba con el problema de aquellos que creaban inseguridad en la campaña, que andaban por ella, que tomaban los ganados pero no pertenecían a ningún lugar.
Una provincia mejor organizada y más tranquila permitiría la aplicación de sus ideas políticas, las cuales eran inconcebibles en la situación en la que se encontraba en ese momento. La organización permitía un mejor registro de las personas y por lo tanto de los ciudadanos de la república que pretendía Artigas.
Además trató de crear una realidad social de trabajo y producción, para una mejor economía que pudiera sustentar ese sistema político, y sobre todo con una participación mayor de la población de la provincia.
Desde otro punto de vista, se puede ver la idea de debilitar a los grandes hacendados que se oponían a este nuevo sistema, que querían la revolución para liberarse de el gobierno español, pero que el sistema político no se modificara demasiado, ya que ellos se veían beneficiados de esta manera, por ser quienes se ocupaban de las decisiones y quienes sacaban mayores réditos económicos. Desde una óptica marxista estamos ante una lucha de clases, entre una oligarquía que maneja los medios de producción (que en esa época y en la Banda Oriental eran las tierras y el ganado), así como el comercio y que deseaba el poder político. Y por otra parte está la masa popular y sobre todo rural que busca una mejor forma de vida, que lo conseguiría con un cambio en el sistema político.

1825 Declaratoria Independencia: Analisis


25 de agosto de 1825 - Declaratoria de la Independencia
de la República Oriental del Uruguay.
 Poco después del desembarco de los Treinta y Tres, producido el alzamiento de la campaña de la Banda Oriental, Lavalleja constituyó un Gobierno Provisorio de la Provincia Oriental, y convocó a los Cabildos a nombrar sus representantes para una Sala a reunirse en la villa de San Fernando de la Florida con el objetivo de proceder a la declaratoria de independencia.
El 20 de agosto de 1825 fue instalada en la villa de Florida, la Sala de Representantes de la Provincia Oriental. Fue presidida por el Diputado por Guadalupe, Juan Francisco Larrobla; siendo vicepresidente Luis Eduardo Pérez y secretario Felipe Álvarez de Bengochea.
De inmediato fue designada una Comisión para elaborar una Declaración anulatoria de los actos de incorporación a Brasil y Portugal. Luego de ello, prestó atención a la necesidad de erigir una autoridad con funciones ejecutivas, por lo cual se designó al Gral. Juan Antonio Lavalleja como Capitán General y Gobernador, y se crearon los Ministerios de Gobierno, de Guerra y de Hacienda.
El 25 de agosto de 1825, la Sala de Representantes aprobó dos Leyes constitucionales; por la primera se declaró la independencia, y por la segunda se dispuso la unión a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
 La Ley de Independencia la Sala invocó como fundamento “La soberanía ordinaria y extraordinaria que inviste para constituir la existencia política de los pueblos que la componen” y dispuso:
  • 1º - Declarar írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siempre todos los actos de incorporación, aclamaciones y juramentos arrancados a los pueblos de las Provincia Oriental por la violencia de la fuerza, unida a la perfidia de los intrusos poderes de Portugal y del Brasil, que la han tiranizado, hollado y usurpado sus inalienables derechos, y sujetándola al yugo de un absoluto despotismo desde el año 1817 hasta el presente de 1825.
  • 2º - En consecuencia de la antecedente declaración, reasumiendo la Provincia Oriental la plenitud de los derechos, libertades y prerrogativas inherentes a los demás pueblos de la tierra se declara de hecho y de derecho, libre e independiente del Rey de Portugal, del Emperador del Brasil y de cualquier otro del Universo, y con amplio y pleno poder para darse las formas que en uso y ejercicio de su soberanía estime convenientes.

 La Ley de Unión dispuso:
La Honorable Sala de Representantes... declara: Que su voto general, constante, solemne y decisivo, es y debe ser por la Unión con las demás Provincias Argentinas, a quien siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce. Por tanto ha sancionado y decreta por Ley fundamental la siguiente:
Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata, unida a las demás de este nombre en el territorio de Sud América.
Otra Ley que fuera sancionada en la misma fecha, dispuso la creación del Pabellón Nacional.

Invasiones Inglesas


Antecedentes.
 A principios del Siglo XIX, se desarrollaban en Europa las Guerras Napoleónicas, en que Francia bajo el mando de Napoléon Bonaparte combatía contra la Alianza de las potencias monárquicas del continente.
Decidido a invadir Inglaterra, Napoleón ideó una maniobra para atraer a la flota conjunta de Inglaterra y España desde el Canal de la Mancha hacia las costas americanas, para aprovechar luego a realizar esa invasión. Su plan fracasó, porque el Almirante Nelson advirtió sus intenciones; sorprendió a la flota francesa frente al Cabo de Trafalgar, el 25 de octubre de 1805, y le infligió una importante derrota que dejó a la flota inglesa dueña del Atlántico, hasta entonces dominado por los navíos de guerra españoles.
En esa ventajosa situación militar, el gobierno inglés envió una expedición naval al mando del Comodoro Home Popham, hacia el extremo sur del África, en el Cabo de Buena Esperanza, con el objetivo de conquistar las colonias holandesas de esa región. Una vez logrado ese objetivo, y aprovechando su proximidad y la falta de cobertura naval española en la zona del Río de la Plata, Popham resolvió intentar la conquista de sus colonias en esa zona.

Primer invasión inglesa.
 La flota inglesa destacada hacia el Río de la Plata contaba con una dotación de 1.600 soldados de desembarco, que comandaba en Gral. William Carl Beresford. Al llegar a la bahía de Montevideo, en junio de 1806, y apreciar las importantes fortificaciones que protegían a Montevideo, el Comodoro Popham optó por dirigirse hacia Buenos Aires, ciudad que en esa época contaba con alrededor de 50.000 habitantes.
El 25 de junio de 1806, las tropas inglesas desembarcaron en la costa argentina cerca de la ciudad de Buenos Aires, en Quilmes. El Virrey del Río de la Plata, que tenía su sede en Buenos Aires, era el Marqués de Sobremonte; el cual, al tener conocimiento de la invasión optó por huir precipitadamente hacia Córdoba llevando consigo las reservas del Tesoro, que representaban una elevada suma. Esta actitud le ganó para la Historia el mote de “El inepto Virrey Sobremonte“.
Un contigente militar compuesto por 1.000 hombres salió de Buenos Aires para enfrentar a los invasores ingleses, pero fueron derrotados casi sin combatir; por lo que la ciudad de Buenos Aires se rindió y fue rapidamente ocupada. El Cabildo de Buenos Aires debió prestar juramento de acatamiento a la autoridad del Rey de la Gran Bretaña. Ante la perspectiva de represalias contra la población, el Tesoro fue llevado de retorno a Buenos Aires, siendo entregado a los Jefes invasores, que lo remitieron a Inglaterra solicitando refuerzos para expandir sus conquistas.

La reconquista de Buenos Aires.
 En Montevideo, la noticia de la caída de Buenos Aires en manos de los ingleses produjo una gran preocupación, ya que era previsible que el objetivo final de los ingleses era apoderarse de toda la rica región del Plata.
El Gobernador de Montevideo, que era Pascual Ruiz Huidobro, no era partidario de enviar una expedición a reconquistar Buenos Aires, dado que en esos momentos solamente contaba con una dotación militar de alrededor de 500 hombres. Sin embargo, los habitantes de Montevideo, y de los campos y poblados, pusieron a disposición del Cabildo y del Gobernador el ofrecimiento de contribuir con hombres y recursos a reclutar un ejército, para desalojar a los ingleses de Buenos Aires antes de que les llegaran refuerzos.
En sesión que se realizó en el Cabildo de Montevideo el 18 de julio de 1806, se resolvió declarar que el abandono de su puesto por el Virrey Sobremonte, y el juramento de sujeción a los ingleses del Cabildo de Buenos Aires, colocaba al Gobernador de Montevideo como la máxima autoridad delegada del Rey de España en esta parte del continente; y en consecuencia, que éste debía emplear esa autoridad para desalojar a los invasores de Buenos Aires y así preservar a la ciudad de Montevideo.
Se trató de una decisión de carácter militar y referente a una operación de guerra con un Estado extranjero, que en sentido estricto sólo podría haber sido dictada por el propio Rey. Por lo cual, aunque justificada ante la extrema necesidad y urgencia de la situación, algunos historiadores consideran que ella fue la primer manifestación de decisión autónoma de las colonias españolas de América; que de alguna forma anticipó los fundamentos del ulterior “movimiento juntista” americano, que inició el proceso de independencia.
 Así se reclutó en breves dias un ejército de 1.600 hombres, encuadrados en las unidades militares con asiento regular en la ciudad. Ocurrió, entretanto, que los barcos de la escuadra inglesa aparecieron frente a Montevideo, creando una importante amenaza para su seguridad. De modo que el Gobernador decidió permanecer al frente de las defensas; y encomendó el mando de la fuerza expedicionaria que se dirigiría a Buenos Aires, al Capitán Santiago de Liniers, un militar de origen francés que estaba destacado en Montevideo, prestando servicios a la corona española.
El 3 de agosto Liniers condujo su ejército a la Colonia del Sacramento, situada frente a Buenos Aires; y al día siguiente cruzó el Río de la Plata. Al desembarcar en las costas cercanas a Buenos Aires, se encontró con la desagradable sorpresa de que los ingleses habían logrado desbaratar un contingente de fuerzas leales, que supuestamente debían unírsele. De todos modos, resolvió avanzar contra la ciudad, logrando derrotar en algunos combates a las partidas inglesas que salieron a enfrentarlo.
 El ataque contra la ciudad se llevó a cabo pocos días después, siendo superada la dotación inglesa, por lo cual, habiendo sufrido alrededor de 400 bajas, el Gral. Beresford decidió rendirse, el 12 de agosto.
La victoria obtenida por el ejército montevideano en Buenos Aires, tuvo una importante repercusión. La rivalidad que desde hacía tiempo existía entre ambas ciudades - en buena medida derivada de la competencia portuaria, dadas las superiores condiciones que para las posibilidades de la época tenía Montevideo - se puso de manifiesto al negarse el Cabildo de Buenos Aires a la solicitud de su similar de Montevideo para que le fueran entregadas las banderas de los ingleses, como reconocimiento simbólico de la importancia de esa acción militar.
El asunto llegó a ser sometido a la decisión final del Rey de España, el cual concedió a la ciudad de Montevideo el mérito de la acción cumplida, y emitió una Real Cédula concediéndole el título de “Muy Fiel y Reconquistadora“ y admitiendo que en el escudo de la ciudad se incorporaran las banderas de los vencidos, junto con otros ornatos alusivos.
 En Buenos Aires, “el inepto Virrey Sobremonte” recibió la prohibición del Cabildo de volver a la ciudad; el cual, recogiendo las instancias populares, resolvió designar Virrey al Cap. Liniers. Ello, indudablemente, volvió a constituir un exceso respecto de la autoridad que investía el Cabildo, asumiendo atribuciones privativas del Rey.
Sobremonte hizo una tentativa de refugiarse en Montevideo pretendiendo asumir el mando de su defensa frente a la amenaza persistente de la flota de guerra inglesa fondeada frente a la ciudad; pero también el Cabildo de Montevideo rehusó admitir su autoridad, comisionando una delegación para lograr que saliera de la ciudad.

Segunda invasión inglesa.
 La armada inglesa que se encontraba en las costas orientales del Río de la Plata, recibió prontamente los refuerzos que habían solicitado sus comandantes; al llegar una nueva escuadra al mando del Gral. Backhouse, con una dotación de 1.400 soldados más.
Comenzó de inmediato el ataque naval a la ciudad fortificada, iniciándose un recio duelo de artillería entre los cañones de los barcos ingleses y los de la Ciudadela y los otros emplazamientos de artillería. La potente resistencia de Montevideo, movió a los ingleses a retirarse hacia el puerto situado frente a la ciudad de Maldonado, carente de defensas; donde desembarcaron sin resistencia y aguardaron la llegada de más refuerzos.
Éstos llegaron poco después, al arribar una potente expedición comandada por el Gral. Auchmuty, con una dotación adicional de 4.300 soldados, lo que ponía en armas un ejército de alrededor de 6.000 hombres, todos ellos soldados profesionales, fuerza de impresiosante poder respecto de los defensores.
 La ofensiva inglesa contra Montevideo se inició el 15 de enero de 1807. Una flota de guerra de unos 100 barcos poderosamente armados, fondeó frente a la ciudad, al tiempo que inmediatamente las tropas inglesas desembarcaron en el pequeño puerto natural de El Buceo, a pocos quilómetros al este (actualmente un puerto de yates, incorporado a la ciudad) y comenzaron a avanzar hacia las murallas de Montevideo.
Los defensores salieron, con un contingente de alrededor de 2.000 hombres, superado por los ingleses en razón de 3 a 1, procurando presentar combate en la llanura situada delante de las murallas. La batalla tuvo lugar el 20 de enero de 1807, en un plantío de maíz situado en la zona llamada “el cardal”, alrededor de un kilómetro más allá del Ejido (donde actualmente de alzan los edificios de la Universidad de la República y la Biblioteca Nacional). La superioridad numérica y militar de los ingleses determinó la derrota de los defensores, que tuvieron muy numerosas bajas, incluyendo algunos nombres destacados como el de Francisco Antonio Maciel.
La derrota de los montevideanos dejó libre a los invasores el camino hacia el ataque de la plaza; pero sus fortificaciones eran sumamente resistentes. El asedio se realizó a la vez por tierra y por mar, efectuándose un intenso bombardeo de las murallas con la artillería naval, que se prolongó durante 15 días. Finalmente, los ingleses lograron destruir un trozo de la muralla sur, abriendo con sus cañones un boquete que pasó a denominarse “la brecha”, en el lugar de la actual calle de ese nombre; por el cual los soldados ingleses se precipitaron en el interior de la ciudad. En su interior continuaron los combates, en que participaron destacadamente los soldados del Cuerpo de Blandengues, entre ellos el Oficial Ayudante Mayor José Gervasio Artigas.
Instalados los ingleses en Montevideo, el Gobernador Ruiz Huidobro fue conducido a Inglaterra en calidad de prisionero. Sin embargo, el dominio inglés quedó prácticamente reducido a la ciudad, por cuanto la resistencia y hostilidad de los habitantes de la “campaña” les impidió imponer su autoridad sobre el resto del territorio.
El gobernador militar inglés de Montevideo adoptó de inmediato una política dirigida a captarse la adhesión de los pobladores, procurando mostrar la conveniencia de la situación que favorecía el comercio - siempre muy restringido por la política monopólica de España. Y, como indicativo del progreso que significaba la dominación británica, comenzó la publicación del primer periódico aparecido en la zona del Río de la Plata, llamado “Southern Star” o “Estrella del Sur”, ya que estaba redactado a la vez en inglés y en español.
 Establecidos en Montevideo, los ingleses procedieron a reforzar su ejército, con vistas de atacar nuevamente a Buenos Aires. De Inglaterra llegó una nueva fuerza expedicionaria, al frente del Gral. Whitelocke, que duplicó el número de las tropas; completándose así una dotación de 12.000 hombres, lo cual, para la época y el lugar, significaba una fuerza sumamente importante.
A fines de junio de 1807, el ejército inglés al mando de Whitelocke, desembarcó en las costas cercanas a Buenos Aires, en el lugar denominado La Ensenada, y avanzó sobre la ciudad. El Virrey Liniers salió a su encuentro, trabándose entre ambas fuerzas un combate de resultado inicialmente incierto, en que primariamente derrotadas, las fuerzas de Liniers lograron reagruparse y finalmente vencieron a los invasores; que se avinieron a negociar un armisticio, lo que tuvo lugar el 6 de julio de 1807.
En principio, los comandantes boneaerenses estuvieron dispuestos a aceptar como condiciones del armisticio la retirada de los ingleses de Buenos Aires; pero luego, a instancias de Martín de Álzaga, se decidió requerirles además la retirada de Montevideo.
De esta manera, reembarcados desde Buenos Aires, los ingleses comenzaron la evacuación de Montevideo en setiembre de 1807, retirándose definitivamente y poniendo término así a su breve dominación en el Río de la Plata.

Consecuencias de las invasiones inglesas en el Plata.
 La incursión naval y militar de las fuerzas expedicionarias de una de las más grandes potencias de la época en el Río de la Plata, significó sin lugar a dudas el suceso más importante de su vida colonial; que necesariamente sacudió a sus sociedades urbanas y produjo importantes consecuencias.
Entre ellas, puede sintetizarse:
  • El descubrimiento, por parte de los habitantes - especialmente de Montevideo - de una capacidad de actuar en forma directa y autónoma en salvaguardia de sus propios intereses; en circunstancias en que resultó inviable toda clase de apoyo desde la metrópoli española. Ello contribuyó, sin duda, a que se adquiriera conciencia del propio valer, tanto en el proceso de las decisiones políticas como en la ejecución de las misiones militares.
  • La prescindencia de hecho, al impulso de la urgencia y la necesidad perentoria de adoptar decisiones trascendentales, de las potestades privativas de las autoridades centrales; llegándose no solamente a la decisión de armar ejércitos y ponerlos en operación por resolución propia, sino incluso a desconocer la autoridad delegada del Rey en la persona del Marqués de Sobremonte, y a asumir la prerrogativa de designarle un sustituto que ejerció su autoridad sin interferencia, y con aquiescencia de la Corona española. Esto significó, sin duda, y a pesar de que lo extraordinario de las circunstancias vividas lo hubiera justificado en principio; un hecho que ulteriormente pudo ser invocado como antecedente, en particular ante la caída del Rey de España cuando las fuerzas napoleónicas lo depusieron, desencadenando el proceso independentista.
  • Las desinteligencias surgidas entre las autoridades de Montevideo y Buenos Aires, profundizaron la sorda rivalidad entre ambas ciudades; dando origen a la acentuación de un sentimiento nacional distinto en cada una de ellas, que luego repercutiría en el proceso histórico de la independencia. Ciertamente, siendo Buenos Aires la ciudad políticamente más importante, como sede del Virreinato y de mayor antigüedad y tamaño, su posición resultó bastante desairada al no haber presentado ninguna resistencia a la primera ocupación inglesa; y luego ser liberada por la que en cierto modo había sido su “colonia”.
    La rencilla suscitada con la cuestión de la entrega de las banderas, vino luego a ser resuelta colocando a Montevideo en una posición de reconocimiento, que en alguna forma significó una revancha frente a lo que pareció en su momento una actitud mezquina de Buenos Aires.
  • La corta ocupación inglesa de Montevideo, permitió a sus pobladores tomar contacto, aunque de manera fugaz, con un estilo de vida distinto al conocido hasta entonces, caracterizado por una actitud mucho más abierta hacia ciertas cuestiones como la libertad de comercio y el entendimiento entre personas de distinta cultura. Rapidamente aparecieron en Montevideo diversos artículos de producción inglesa, que mostraron las ventajas del libre comercio con las naciones industrialmente avanzadas.
    La publicación de “La Estrella del Sur” significó también tomar conocimiento con otra expresión del mundo por entonces más desarrollado; así como su contenido, aunque inclinado a la propaganda pro-inglesa, no pudo sino mostrar la existencia de una pluralidad de formas de considerar las cuestiones políticas.
    Esa posibilidad de ingresar al comercio que en la época comenzaba a desarrollarse, sin duda acentuó el concepto de los montevideanos de la superior posición de su puerto frente al de Buenos Aires, en esos momentos gracias a las condiciones naturales; y contribuyó también a profundizar la rivalidad, frente a la tendencia “porteña“ de Buenos Aires a monopolizar el tráfico comercial en el Río de la Plata, privando a los montevideanos de los beneficios económicos de utilizar directamente su propio puerto.
  • Desde el punto de vista de la perspectiva política de los ingleses, su aventura militar en el Río de la Plata les permitió apreciar que no resultaba conveniente la estrategia de establecer aquí un dominio colonial directo; pero al mismo tiempo les permitió comprender la importancia económica que la zona revestía para sus intereses.
    De tal manera, a partir de las invasiones de 1807, la diplomacia inglesa adoptó en relación al Río de la Plata una política distinta; manteniendo vivos sus vínculos - y especialmente, a partir de cierto momento, con los dirigentes de la Banda Oriental - de forma de continuar teniendo una presencia propicia para aprovechar cualquier oportunidad de consolidar posiciones.
    Esto resultaría especialmente apreciable al desatarse el proceso independentista, que servía indudablemente a los fines ingleses de debilitar el poderío imperial español; haciéndose notar la presencia de fuerzas navales inglesas - incluso en apoyo de Artigas. Y, finalmente, con la resolución de los conflictos entre Buenos Aires y el Brasil, heredados de aquellos entre España y Portugal, culminados en el establecimiento en la Banda Oriental de un Estado independiente fuertemente apoyado por Inglaterra.